Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos En la tierra de los sueños
—¿Ya decidiste a quién vas a invitar a la boda, Ana? —preguntó la señora Rachel Lynde mientras cosÃa el dobladillo de unas servilletas—. Es hora de enviar las invitaciones, aunque vayan a ser informales.
—No voy a invitar a mucha gente —dijo Ana—. Sólo queremos que asistan a la boda aquellos a quienes queremos mucho. La familia de Gilbert, el señor Alian y su esposa y el señor Harrison y su esposa.
—Hubo un tiempo en el que no habrÃas incluido al señor Harrison entre tus amigos más queridos —dijo Marilla con sequedad.
—Bien, no me resultó muy simpático la primera vez que lo vi —admitió Ana, riendo al recordar el encuentro—. Pero el señor Harrison ha mejorado mucho con el trato y su esposa es encantadora. También están la señorita Lavendar y Paul.
—¿Decidieron venir a la isla este verano? Pensé que se iban a Europa.
—Cambiaron de idea cuando les escribà para decirles que iba a casarme. Hoy he recibido carta de Paul. Dice que tiene que venir a mi boda, pase lo que pase con Europa.
—Ese niño siempre te ha idolatrado —comentó la señora Rachel.
—Ese «niño» es ya un muchacho de diecinueve años, señora Lynde.
