Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La señorita Cornelia habla del tema
—¿Me estás diciendo, querida Ana, que Dick Moore ha resultado no ser Dick Moore sino otra persona? ¿Es eso lo que me has dicho por teléfono?
—SÃ, señorita Cornelia. Es asombroso, ¿no?
—Es… es tÃpico de un hombre —dijo la señorita Cornelia, perdida. Se quitó el sombrero con mano temblorosa. Por una vez en su vida, la señorita Cornelia estaba innegablemente perpleja.
—Me parece que no comprendo, Ana. Te he oÃdo decirlo, y te creo, pero no puedo asumirlo. ¿Dick Moore está muerto, ha estado muerto todo estos años, y Leslie es libre?
—SÃ. La verdad la ha hecho libre. Gilbert tenÃa razón cuando dijo que ese versÃculo era el más grande de la Biblia.
—Cuéntame todo, Ana querida. Desde que recibà tu llamada, he estado muy confundida, créeme. Cornelia Bryant nunca ha estado tan confundida.
—No hay mucho por contar. La carta de Leslie era breve. No entró en detalles. Este hombre, George Moore, recobró la memoria y sabe quién es. Dice que Dick cogió la fiebre amarilla en Cuba y el Four Sisters tuvo que zarpar sin él. George se quedó con él para cuidarlo. Pero Dick murió en seguida. George no escribió a Leslie porque pensaba volver y decÃrselo personalmente.
—¿Y por qué no lo hizo?
