Ana y la casa de sus suenos

Ana y la casa de sus suenos

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Discretamente, Ana y Gilbert desaparecieron; pero cuando Owen se hubo ido, Ana volvió y encontró a Leslie de pie junto a la chimenea.

—Ah, Leslie, ya lo sé, y me alegro tanto, querida —dijo, abrazándola.

—Ana, mi felicidad me asusta —susurró Leslie—. Me parece demasiado grande para ser cierta, tengo miedo de hablar de ella, de pensar. Me parece que es otro sueño de esta casa de los sueños y que se desvanecerá cuando me vaya de aquí.

—Bien, no te vas a ir de aquí hasta que te lleve Owen. Vas a quedarte conmigo hasta que llegue ese momento. ¿Crees que te dejaría ir otra vez a ese lugar solitario y triste?

—Gracias, querida. Iba a pedirte si podía quedarme contigo. No quiero volver ahí, sería como volver a la frialdad y la melancolía de la antigua vida. Ana, Ana, qué amiga has sido para mí. «Una buena, dulce mujer. Veraz, fiel, de confianza», así de bien te resumió el capitán Jim.

—Dijo «dos mujeres» no «una mujer» —la corrigió Ana, sonriendo—. Tal vez el capitán Jim nos vea a las dos a través de los cristales rosados de su amor por nosotras. Pero al menos podemos intentar vivir a la altura de lo que ha dicho.


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