Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos El capitán Jim cruza el banco
Un dÃa de fines de septiembre, el libro de Owen Ford llegó por fin. El capitán Jim habÃa ido todos los dÃas sin faltar uno, durante un mes, a la oficina de correos de Glen, esperándolo. Este dÃa no habÃa ido y Leslie trajo su ejemplar, junto con el de ella y el de Ana.
—Se lo llevaremos esta tarde —dijo Ana, entusiasmada como una colegiala.
La caminata hasta el faro en aquel atardecer claro y encantado, a lo largo del camino rojo del puerto, fue muy agradable. Luego el sol cayó por detrás de las colinas del poniente hacia algún valle que debÃa estar seguramente lleno de ocasos perdidos y, en aquel mismo instante, el gran faro destelló desde la blanca torre de la punta.
—El capitán Jim nunca se retrasa ni una fracción de segundo —dijo Leslie.
Ni Ana ni Leslie olvidarÃan jamás la cara del capitán Jim cuando le dieron el libro, su libro, transfigurado y glorificado. Las mejillas, que últimamente se veÃan demacradas, se encendieron súbitamente con los colores de un muchacho; sus ojos resplandecieron con todo el fuego de la juventud, pero las manos temblaron al abrirlo.
