Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Adiós a la casa de los sueños
El capitán Jim fue enterrado en el pequeño cementerio del otro lado del puerto, muy cerca del lugar donde dormÃa la pequeña damita blanca. Sus parientes hicieron construir un costoso y feo «monumento», un monumento que, de haberlo visto en vida, habrÃa inspirado al capitán alguna burlona broma. Pero su verdadero monumento estaba en los corazones de aquellos que lo habÃan conocido y en el libro que vivirÃa durante generaciones.
Leslie se lamentaba de que el capitán Jim no hubiera vivido para ver el éxito que alcanzó.
—¡Cómo se habrÃa regodeado con las crÃticas! Son todas tan bondadosas… Y si hubiera visto su libro de la vida encabezando las listas de los más vendidos. ¡Ah, ojalá hubiera vivido para verlo, Ana!
Pero Ana, a pesar de su dolor, era más sabia.
—Era el libro en sà lo que a él le importaba, Leslie, no lo que pudiera decirse de él; y el libro sà lo tuvo. Lo leyó hasta el final. Esa última noche ha de haber sido de una inmensa felicidad para él, con el fin rápido e indoloro del que habÃa hablado en la mañana. Me alegro por Owen y por ti de que el libro sea un éxito tan grande, pero el capitán Jim estaba contento, eso lo sé.
