Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos »Se la esperaba para mediados de julio, pero no llegó en esa fecha. Nadie se preocupó. A menudo, los buques se demoraban días e incluso semanas. El Royal William se retrasó una semana, luego dos y luego tres. Hasta que comenzamos a asustarnos y la situación empeoró más y más. Llegó un momento en que no podía soportar mirar a John Selwyn a los ojos. ¿Sabe, señora Blythe? —El capitán Jim bajó la voz—. Pensaba que la mirada de esos ojos debía de ser igual a la de su tatarabuela cuando la quemaron viva. Él no hablaba mucho del tema, pero enseñaba en la escuela como si estuviera inmerso en un sueño, y luego se iba a la costa. Muchas noches caminó desde el crepúsculo hasta el amanecer. La gente decía que se estaba volviendo loco. Todos abandonaron la esperanza: el Royal William llevaba un retraso de ocho semanas. Era a mediados de septiembre y la novia del maestro no había llegado; todos pensábamos que jamás llegaría.
»Entonces hubo una gran tormenta que duró tres días; cuando terminó fui a la costa. Encontré al maestro allí, apoyado, con los brazos cruzados, sobre una gran roca, mirando hacia el mar.
»Le hablé pero no me respondió. Sus ojos parecían fijos en algo que yo no veía. Tenía la cara rígida, como la de un muerto.
»—John, John —lo llamé, nada más que eso, como un niño asustado—. Despierta, despierta.