Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos La señorita Cornelia Bryant viene de visita
Aquel septiembre fue un mes de nieblas doradas y brumas purpúreas en el Puerto de Cuatro Vientos, un mes de dÃas llenos de sol y noches que se sumergÃan en la luz de la luna o palpitaban con las estrellas. Ninguna tormenta lo hirió ni sopló ningún viento áspero. Ana y Gilbert pusieron su nido en orden, deambularon por las costas, navegaron en el puerto, recorrieron Cuatro Vientos, Glen, el campo de helechos y solitarios caminos que rodeaban el puerto; en suma, tuvieron una luna de miel que cualquier pareja de enamorados en el mundo les habrÃa envidiado.
—Si la vida se detuviera ahora mismo, habrÃa valido la pena vivirla aunque sólo fuera por estas cuatro semanas, ¿no? —dijo Ana—. No creo que volvamos a vivir jamás cuatro semanas tan perfectas, pero ya las hemos vivido. Todo (el viento, el clima, la gente, la casa de los sueños) ha contribuido para hacer deliciosa nuestra luna de miel. No ha habido ni un dÃa lluvioso desde que llegamos.
—Y no hemos peleado ni una vez —bromeó Gilbert.
