Ana y la casa de sus suenos
Ana y la casa de sus suenos Una velada en la punta de «Cuatro Vientos»
A finales de septiembre, Ana y Gilbert pudieron cumplir con la visita prometida al faro de Cuatro Vientos. Habían planeado ir muchas veces pero siempre ocurría algo que se lo impedía. El capitán Jim había «caído» por la casita varias veces.
—Yo no creo en el protocolo, señora Blythe —le dijo a Ana—. Es un verdadero placer para mí venir aquí, y no voy a negarme ese placer porque ustedes no hayan ido a visitarme. No tendría que haber regateos de ese tipo entre los de la raza que conoce a José. Vendré cuando pueda y ustedes irán cuando puedan; siempre que mantengamos nuestras agradables conversaciones, poco importa qué techo nos cubre.
Al capitán Jim le encantaban Gog y Magog, que presidían el hogar con tanta dignidad y aplomo como en Patty’s Place.
—¿No son preciosos? —decía, encantado; y los saludaba al llegar y al irse tan seria e invariablemente como a su anfitrión y a su anfitriona. El capitán no iba a ofender a las deidades de la casa por falta de reverencia y ceremonia.
