El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —Como ves, cumplà con mi palabra, Rosa Roja. Ahora estoy libre hasta el primer domingo de diciembre. Bonito sermón, niña, muy bueno. Tu padre tiene más en la cabeza de lo que parece mirándolo. Pero se contradijo una vez, dile que se contradijo. Y dile que quiero el sermón furibundo en diciembre. Terminar el año viejo a lo grande, con un saborcito a infierno, ¿te das cuenta? ¿Y qué tal un buen sermón sobre el cielo para Año Nuevo? Aunque no serÃa ni la mitad de interesante que el del infierno, niña, ni la mitad. Pero me gustarÃa saber qué piensa tu padre sobre el cielo; es capaz de pensar, lo cual es escasÃsimo en el mundo, un pastor capaz de pensar. Pero se contradijo. ¡Ja, ja! Escucha una pregunta que podrÃas hacerle alguna vez, cuando esté despierto, niña. «¿Puede Dios hacer una roca tan grande que ni siquiera Él podrÃa levantarla?». No la olvides. Quiero oÃr la opinión de tu padre. He cerrado la boca a muchos pastores con esa pregunta, niña.
Faith se alegró de poder escapar de él y correr a su casa. Dan Reese, que estaba parado entre todos los muchachos junto al portón, la miró y formó con los labios la palabra «cerdita», pero no se atrevió a decirla en voz alta allÃ. Al dÃa siguiente, en la escuela, fue diferente. En el recreo del mediodÃa, Faith se encontró con Dan en el bosque de abetos de detrás de la escuela y Dan volvió a gritarle: