El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris John Meredith caminaba pensativo bajo el frío invernal de la noche por el Valle del Arco Iris. Las colinas lejanas relucían con el helado y esplendoroso brillo de la luz de la luna sobre la nieve. Cada pequeño abeto del largo valle cantaba su propia canción sobre el arpa del viento y de la helada. Sus hijos y los niños de los Blythe se deslizaban por la ladera oriental o sobre el estanque congelado. Se estaban divirtiendo muchísimo y sus alegres voces y risas aún más alegres resonaban en todo el valle, muriendo en cadencias mágicas entre los árboles. Hacia la derecha, las luces de Ingleside resplandecían a través del bosque de arces con la atracción que siempre parece arder en las luces de una casa donde sabemos que hay amor y alegría y una buena acogida a todos los hermanos, ya sean de sangre o de espíritu. En ocasiones, al señor Meredith le gustaba mucho pasar una velada charlando con el doctor junto al fuego del hogar, donde los famosos perros de porcelana de Ingleside montaban guardia permanente, como correspondía a deidades del hogar; pero aquella noche no miró en esa dirección. Lejos, sobre la colina occidental, brillaba una estrella más pálida pero más atrayente. El señor Meredith se dirigía a ver a Rosemary West, y tenía intenciones de decirle algo que había florecido lentamente en su pecho desde que la vio por primera vez y que había madurado la noche en que Faith expresó su entusiasta admiración por Rosemary.
