El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Durante el día, a los niños Blythe les gustaba mucho jugar en los suaves verdes y las penumbras del gran bosque de arces que había entre Ingleside y el estanque de Glen St. Mary, pero para las veladas nocturnas no había ningún lugar como el vallecito detrás del bosque de arces. Era un mágico reino de sueños para ellos. Una vez, mirando desde las ventanas de la buhardilla de Ingleside, a través de la niebla y los restos de una tormenta de verano, habían visto el lugar atravesado por un glorioso arco iris, uno de cuyos extremos parecía hundirse en un punto donde un rincón del estanque penetraba en el valle.
—Llamémosle Valle del Arco Iris —dijo Walter, encantado, y Valle del Arco Iris se llamó en adelante.
Fuera del Valle del Arco Iris el viento podía rugir. Allí era suave. Encantados caminitos serpenteantes corrían aquí y allá por encima de raíces de abetos acolchadas con musgo. Diseminados por todo el valle y mezclándose con los oscuros abetos, había cerezos silvestres, que en época de floración eran de un blanco vaporoso. Un arroyito con aguas color ámbar lo atravesaba desde el pueblo de Glen.
