El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris No faltaron candidatos para ocupar los lugares tanto de Martin como de Norman, pero ninguno pareció merecer los favores de las muchachas West, que lentamente fueron dejando la adolescencia y la juventud sin ningún arrepentimiento aparente. Adoraban a la madre, que era una inválida crónica. Las tres tenÃan un pequeño cÃrculo de intereses caseros, libros, mascotas y flores, que las alegraba y satisfacÃa.
La muerte de la señora West, ocurrida el dÃa en que Rosemary cumplÃa veinticinco años, fue muy dolorosa para las dos. Al principio se sintieron intolerablemente solas. Ellen, en especial, siguió doliéndose y pensando, y sus largas y amargas meditaciones eran interrumpidas sólo por ataques de tormentoso y apasionado llanto. El viejo doctor de Lowbridge dijo a Rosemary que temÃa una melancolÃa permanente o algo peor.
Un dÃa que Ellen habÃa estado todo el dÃa sentada, negándose a hablar y a comer, Rosemary se arrojó de rodillas junto a su hermana.
—Ay, Ellen, todavÃa me tienes a mà —imploró—. ¿No soy nada para ti? Siempre nos hemos querido mucho.
—No te tendré siempre —contestó Ellen, rompiendo su silencio con áspera intensidad—. Te casarás y me dejarás. Me quedaré sola. No soporto ni pensarlo… no puedo. Prefiero morirme.