El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris Nan habÃa traÃdo la mesa del banquete: una tabla sobre la cual se habÃan celebrado muchos banquetes, sazonados como ninguna vianda en ningún otro lugar, en el Valle del Arco Iris. La tabla se convertÃa en mesa al apoyarla sobre dos grandes piedras cubiertas de musgo. Unos periódicos hacÃan las veces de mantel y unos platos cascados y tazas sin asas descartados por Susan servÃan de vajilla. De una lata escondida a los pies de un abeto, Nan sacó el pan y la sal. El arroyo proporcionaba «cerveza de Adán» de una transparencia única. En cuanto al resto, habÃa cierta salsa, compuesta de aire fresco y apetito juvenil, que le daba a todo un sabor exquisito. Sentarse en el Valle del Arco Iris, sumido en los tonos entre dorados y amatistas del ocaso, repleto del aroma de los abetos y de todas esas cosas que crecen en los bosques en el esplendor de la primavera, con las estrellas pálidas de las fresas silvestres alrededor y con los suspiros del viento y el tintineo de las campanillas en las copas temblorosas de los árboles, y comer trucha frita y pan seco, era algo que los poderosos de la Tierra les habrÃan envidiado.
—Sentaos —invitó Nan, al tiempo que Jem ponÃa sobre la mesa la bandeja con la trucha.
—¿Quién viene desde la colina de la rectorÃa? —preguntó Di en aquel momento.