El Valle del Arco Iris
El Valle del Arco Iris —¿No le gusta papá? —preguntó Una, levantando los ojos llenos de reproche—. ¡Ah, señorita West, no sabe lo bueno que es! Estoy segura de que serÃa un esposo muy bueno.
Incluso en medio de su tristeza y su perplejidad, Rosemary no pudo evitar esbozar una sonrisa.
—¡Ay, no se rÃa, señorita West! —exclamó Una con apasionamiento—. Papá está muy triste.
—Creo que te equivocas, querida —dijo Rosemary.
—No, no, seguro que no. Ay, señorita West, ayer papá iba a pegar a Carl, que se habÃa portado muy mal, y no pudo hacerlo porque, claro, no tiene práctica en eso de dar azotes. Entonces, cuando Carl salió y nos contó que papá se sentÃa tan mal, entré despacito al estudio para ver si podÃa ayudarlo… a él le gusta que yo lo consuele, señorita West, y él no me oyó entrar y yo oà lo que estaba diciendo. Se lo contaré, señorita West, si me deja que se lo diga en secreto.
Una le susurró su secreto al oÃdo. Rosemary se puso roja. De modo que todavÃa le importaba a John Meredith. Él no habÃa cambiado de idea. Y debÃa de importarle mucho si habÃa dicho eso, debÃa de importarle más de lo que ella suponÃa. Permaneció inmóvil un momento, acariciándole el pelo a Una. Luego dijo:
—¿Le llevarÃas a tu padre una carta mÃa, Una?