Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva El primer domingo de julio, en la Escuela Dominical, Emily se encontró sentada junto a Jennie Strang. Por lo general, se sentaba con Rhoda, pero ésta se habÃa sentado tres asientos más adelante con una niñita desconocida, una niñita vestida de seda azul, que lucÃa un sombrero de paja grande y adornado con una corona de flores sobre sus elaborados cabellos rizados, medias de encaje blanco en las piernas regordetas y un flequillo que le llegaba hasta los ojos. No obstante, tanta pluma no lograba hacer de ella un ave verdaderamente hermosa; no era guapa y su expresión era de disgusto y desdén.
—¿Quién es la niña que está sentada con Rhoda? —susurró Emily.
—Ah, es Muriel Porter —respondió Jennie—. Es de la ciudad. Ha venido a pasar las vacaciones a la casa de su tÃa Jane Beatty. Yo la odio. A mà nunca se me ocurrirÃa ponerme un vestido azul con una piel tan oscura como la suya. Pero los Porter son ricos y Muriel está convencida de que es maravillosa. Dicen que Rhoda y ella se han hecho Ãntimas; Rhoda siempre anda detrás de cualquiera que, según ella, está en una posición elevada.
Emily se puso tensa. No pensaba escuchar comentarios crÃticos sobre sus amigas. Jennie percibió su reacción y cambió de tono.