Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —No lo sé muy bien. A veces es una persona que escribe poesÃa. Yo escribo poesÃa.
Perry se la quedó mirando.
—Caramba. Entonces yo también voy a escribir poesÃa.
—No creo que puedas —dijo Emily, algo desdeñosa, debe admitirse—. Teddy no puede, y él es muy inteligente.
—¿Quién es Teddy?
—Un amigo mÃo. —HabÃa un deje de altivez en la voz de Emily.
—Pues —precisó Perry, cruzando los brazos sobre el pecho y frunciendo el entrecejo—, voy a darle un coscorrón en la cabeza a ese amigo tuyo.
—No vas a hacer tal cosa —advirtió Emily. Estaba muy indignada y casi olvidó por un momento que Perry la habÃa salvado del toro. Hizo un gesto con la cabeza y comenzó a dirigirse a su casa. Perry también se volvió.
—Voy a ir a ver a Jimmy Murray por lo del empleo antes de irme a mi casa —aclaró—. No te enfades. Si no quieres que le dé un coscorrón, no se lo daré. Pero tienes que decirme que yo también te gusto.
—Claro que me gustas —dijo Emily, como si no pudiera cuestionarse. Le dirigió a Perry su lenta sonrisa floreciente y asà lo redujo a una servidumbre sin esperanzas.