Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva —Dile que si no te lo permite cortaré hasta la última rama del bosque. Eso la convencerá. Y hay una cosa más. Tienes que pedirme formalmente y con mucha amabilidad que te haga el favor de no cortar el bosque. Si lo haces bien no tocaré ni un árbol. Pero si no, los echaré todos abajo, diga lo que diga el cura —concluyó John el Altivo.
Emily convocó en su ayuda todos sus encantos. Juntó las manos, miró a través de las pestañas a John el Altivo y sonrió tan lenta y seductoramente como sabÃa, y Emily tenÃa una considerable sabidurÃa instintiva al respecto.
—Por favor, señor John el Altivo —dijo—, ¿querrÃa dejarme ese querido bosque que quiero tanto?
John el Altivo se quitó el sombrero de fieltro viejo y arrugado.
—Por supuesto. Un irlandés que se precie de tal siempre hace lo que le pide una dama. Claro que eso es lo que nos arruina la vida. Estamos a merced de las faldas. Si hubieras venido antes a decÃrmelo, no habrÃas tenido que ir caminando hasta White Cross. Pero cuidado, que tienes que cumplir con tu parte del trato. Las rojas están maduras y a las cara sucia no les falta mucho, y todas las ratas se han ido al cielo.
Emily entró en la cocina de la Luna Nueva volando como un remolino.