Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Los parientes
Douglas Starr vivió dos semanas más. En años posteriores, cuando el dolor ya había abandonado su memoria, Emily pensó que habían sido las dos semanas más preciosas de sus recuerdos. No fueron semanas tristes sino hermosas. Y una noche, cuando estaba tendido en el diván de la salita, con Emily a su lado en el viejo sillón de respaldo alto, cruzó la cortina; se fue tan tranquila y fácilmente que Emily no supo que se había ido hasta que de pronto sintió el extraño silencio de la habitación; no había más respiración que la suya.
—¡Papá… papá! —gritó. Entonces llamó a Ellen.
Ellen Greene les comentó a los Murray, cuando éstos llegaron, que Emily se había portado muy bien, considerando las circunstancias. Claro que había llorado toda la noche y no había pegado ojo; ninguno de los vecinos de Maywood que fueron, bondadosamente, a ayudar, pudieron consolarla. Pero cuando llegó la mañana había derramado todas sus lágrimas. Estaba pálida, callada y sumisa.
