Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva «Si yo tuviera flequillo tal vez Teddy me encontrarÃa hermosa, también —pensó, con resentimiento—. Claro que los cabellos negros no son tan bonitos como los dorados. Pero mi frente es demasiado alta, lo dice todo el mundo. Y en el dibujo de Teddy estaba guapa porque me dibujó unos rizos que me tapaban la frente».
El tema fue cogiendo fuerza. Emily pensaba en él al regresar a casa caminando sobre el brillo de la tierra cubierta de nieve que recibÃa la luz del atardecer de invierno; no pudo ni cenar porque no tenÃa flequillo. Su deseo de llevar flequillo, tanto tiempo disimulado, pareció volver por sus fueros. SabÃa que no tenÃa sentido decÃrselo a la tÃa Elizabeth. Pero, cuando aquella noche se preparaba para acostarse, se subió a una silla para poder ver a la pequeña Emily, del espejo, levantó la cola rizada de su larga trenza y se la puso sobre la frente. El efecto, al menos a ojos de Emily, era muy atractivo. De pronto pensó: ¿y si se cortaba ella misma el flequillo? No tardarÃa más de un minuto. Y, una vez hecho, ¿qué podrÃa hacer la tÃa Elizabeth? Se enfadarÃa mucho y sin duda la castigarÃa de alguna manera. Pero el flequillo estarÃa allÃ, al menos hasta que volviera a crecer.