Emily la de Luna Nueva
Emily la de Luna Nueva Cuando se alzo el telón
Sería agradable poder dejar registrado que, después de la reconciliación en el mirador, Emily y la tía Elizabeth vivieron en absoluta concordia y armonía. Pero la verdad es que las cosas siguieron más o menos igual que antes. Emily avanzaba despacio, y trataba de mezclar la sabiduría de la serpiente y la inocencia de la paloma en proporciones prácticas, pero los puntos de vista de las dos eran tan diferentes que no podía no haber choques. No hablaban el mismo idioma: no podía no haber malentendidos.
Y sin embargo había una diferencia, una diferencia vital. Elizabeth Murray había aprendido una lección importante: que no hay una ley de lo que es justo para los niños y otra de lo que es justo para los adultos. Siguió siendo tan autoritaria como siempre, pero no le hacía ni le decía a Emily nada que no le habría hecho o dicho a Laura, de darse la ocasión.
Emily, por su parte, había descubierto el hecho de que, por debajo de su superficie de frialdad y severidad, la tía Elizabeth en realidad sentía afecto por ella, y era maravillosa la diferencia que ello suponía. Le quitaba a las «manías» y a las palabras de la tía Elizabeth todo sarcasmo y curaba por completo una herida no demasiado consciente que Emily guardaba en el corazón desde que la echaran a suertes en Maywood.
