Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —¿Qué importancia tiene para nosotros? —preguntó la señorita Cornelia, ignorando la respuesta espantosa que preparaba el destino para su pregunta—. Siempre hay alguien asesinando a otro en esos Estados balcánicos. Son condiciones normales de vida para ellos y pienso que nuestros diarios no deberÃan publicar cosas tan escandalosas. Bueno, debo irme. No, Ana, querida, no vayas a pedirme que me quede a cenar. Marshall tiene la costumbre de pensar que si no estoy en casa para comer, no vale la pena que él tampoco cene, tÃpico de los hombres ¿no es asÃ? Eh, Ana, querida ¿qué le sucede a ese gato? ¿Le está dando un ataque? —Eso lo dijo en el momento en que Doc, de pronto, se ponÃa de un salto ante ella, achataba las orejas, gruñÃa y desaparecÃa luego por la ventana con un salto feroz.
—Ah, no, es que se está convirtiendo en el señor Hyde, o sea que va a llover o a haber viento esta misma noche. Doc es un barómetro excelente.
—¡Me alegro de que haya ido a merodear afuera y no dentro de mi cocina! —declaró Susan—. Voy a encargarme de la cena. Con la multitud que tenemos en Ingleside ahora hay que planear las comidas con anticipación.