Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —Premysl volvió a caer en manos alemanas —comentó Susan con voz sombrÃa mientras levantaba la vista del diario— y ahora supongo que tendremos que volver a llamarla por ese nombre tan poco civilizado. La prima Sophia estaba aquà cuando llegó la correspondencia y no bien oyó las noticias emitió un suspiro desde las profundidades de su estómago, mi querida señora, y dijo: «Ah, sà y ahora van a tomar Petrogrado, sin duda alguna». Pero yo la refuté: «Mis conocimientos de geografÃa no son tan profundos como quisiera, pero tengo la impresión de que hay una buena caminata desde Premysl hasta Petrogrado». La prima Sophia volvió a suspirar y dijo: «El gran duque Nicolás me decepciona». «Que no se entere —le contesté—. PodrÃa sentirse herido en sus sentimientos y ya tiene bastantes preocupaciones». Pero no hay forma de alegrar a la prima Sophia, por más sarcástica que se ponga una, mi querida señora. Suspiró por tercera vez y se quejó: «Pero es que los rusos están retrocediendo tan rápido». «¿Y con eso qué? —le contesté—. Hay mucho lugar para la retirada, ¿o no?». Pero la verdad, mi querida señora, aunque jamás lo admitirÃa ante la prima Sophia, no me gusta nada la situación en el frente oriental.
A nadie le gustaba, en realidad pero la retirada siguió durante todo el verano… una agonÃa larga y lenta.