Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside Rilla, con los párpados apretados con fuerza todavÃa, como si estuviera riéndose en sueños, bostezó, se desperezó y sonrió a Gertrude Oliver, que habÃa venido de visita desde Lowbridge la tarde anterior y se habÃa dejado convencer de quedarse para el baile en el faro de los Cuatro Vientos la noche siguiente.
—El nuevo dÃa golpea a la ventana. Me pregunto qué nos traerá.
La señorita Oliver se estremeció. Nunca enfrentaba los dÃas con el entusiasmo de Rilla. HabÃa vivido lo suficiente como para saber que un dÃa cualquiera siempre puede traer algo horrible.
—Pues yo pienso que lo mejor que tienen los dÃas es lo inesperado —prosiguió Rilla—. Es fantástico despertar asà en una mañana dorada y soñar durante diez minutos antes de levantarme, imaginando la cantidad de cosas hermosas que pueden suceder antes de la noche.
—Espero que hoy suceda algo inesperado —suspiró Gertrude—. Espero que lleguen las noticias de que se ha evitado la guerra entre Alemania y Francia.
