Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —SÃ, mi querida señora, y me parece bien que un hombre sea amo en su propia casa, que cuente con la obediencia de sus mujeres. Me satisface poder decir que me estoy volviendo bastante eficiente en esto de economizar, pero se puede ser un poco atrevido, de vez en cuando, por lo menos en secreto. Shirley me estuvo pidiendo la torta, marca Susan, la llama, y el otro dÃa le dije que en cuanto hubiera una victoria para celebrar, le harÃa una. Esta noticia es equivalente a una victoria y si el doctor no lo sabe, no se va a preocupar. Asumo toda la responsabilidad, mi querida señora, asà que no preocupe a su conciencia.
Susan mimaba espantosamente a Shirley ese invierno. El chico volvÃa de Queen’s todos los fines de semana y Susan le tenÃa listos sus platos preferidos, siempre y cuando pudiera evadir o convencer al doctor, y lo atendÃa como una esclava. Si bien hablaba de la guerra con todos los demás, jamás tocaba el tema con Shirley ni delante de él; pero lo observaba como un gato a un ratón y cuando comenzó la retirada alemana de Bapaume, la emoción de Susan no fue sólo por la buena noticia: sin duda se acercaba el fin… sin duda llegarÃa ahora, antes de que pudiera partir un muchacho más.