Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside Hubo una semana en marzo del año 1918 que fue capaz de reunir tanta agonía humana como ninguna otra en toda la historia del mundo. Y dentro de esa semana hubo un día en el que pareció que la humanidad entera estaba clavada en una cruz; en ese día el planeta entero debe de haber estado a punto de sufrir una convulsión universal, los corazones de toda la humanidad a punto de fallar de temor.
En Ingleside amaneció calmo, frío y gris. La señora Blythe, Rilla y la señorita Oliver se habían preparado para ir a la iglesia en un suspenso atemperado por la esperanza y la fe. El doctor estaba de viaje, lo habían convocado a la casa de los Marwood en Upper Glen porque una esposa de guerra estaba tratando de darle una vida y no una muerte a este mundo. Susan comunicó que se quedaría en casa toda la mañana, decisión bastante extraña de su parte.
—Es que hoy preferiría no ir a la iglesia, querida señora —explicó—. Si llegara a ver a Patillas-en-la-Luna con esa mirada satisfecha y feliz que pone cuando piensa que los hunos están ganando, podría perder la paciencia y el sentido del decoro y terminar tirándole la Biblia por la cabeza, cosa que me pondría en una situación desgraciada a mí y a todo el santo edificio. No, querida señora, me quedaré aquí a rezar con todas mis fuerzas.