Rilla la de Ingleside
Rilla la de Ingleside —No es decente, mi querida señora —se quejaba la pobre Susan con amargura. Ella, por su parte, optaba por referirse a Jack como «ese animal» o «la bestia blanca»; por lo menos hubo un corazón humano que no sufrió cuando «el animal» murió envenenado accidentalmente al invierno siguiente.
Al cabo de un año, Dorado se tornó un nombre tan inadecuado para el gatito anaranjado, que Walter, que en ese momento estaba leyendo la novela de Stevenson, se lo cambió por el de doctor Jekyll y el señor Hyde. En su estado de ánimo de doctor Jekyll, el gato era dormilón, afectuoso, manso, tranquilo; disfrutaba mucho de las caricias y los mimos. Le encantaba, sobre todo, tenderse de espaldas y que le acariciaran el cuello suave, color crema, mientras ronroneaba con satisfacción. Su ronroneo era notable: nunca en Ingleside habÃa habido un gato que ronroneara en forma tan constante y extasiada.
—Lo único que le envidio a un gato es el ronroneo —comentó una vez el doctor Blythe al escuchar la resonante melodÃa de Doc—. Es el sonido más satisfecho del mundo.
