Valancy Stirling
Valancy Stirling Entretanto, los preámbulos de la cena se prolongaban, fieles a la tradición de los Stirling. La estancia estaba frÃa, a pesar del calendario, y la tÃa Alberta tenÃa encendida la chimenea de gas. Todos los miembros del clan Stirling envidiaban la chimenea de gas excepto Valancy. Cuando las noches de otoño eran frescas, ardÃan gloriosas chimeneas en cada estancia de su Castillo Azul; pero hubiera preferido morir de frÃo antes de cometer el sacrilegio de utilizar una chimenea de gas. El tÃo Herbert hizo su broma habitual cuando le preguntó a la tÃa Wellington, mientras la ayudaba con los embutidos: «Mary, ¿deseas un poco de cordero[18]?».
La tÃa Mildred contó la misma vieja historia según la cual en una ocasión habÃa encontrado un anillo perdido en una granja de pavos. El tÃo BenjamÃn relató a su vez su prosaico cuento favorito sobre cómo habÃa perseguido y posteriormente castigado a un hombre ya célebre por robar manzanas. La segunda prima Jane describió todo el sufrimiento que le habÃa causado un absceso dental. La tÃa Wellington admiró el diseño de las cucharillas de plata de la tÃa Alberta y lamentó que se hubiera perdido una de las suyas.
—Se me echó a perder el juego. Nunca encontraré una cucharilla idéntica. Y fue el regalo de bodas de mi vieja y querida tÃa Matilda.
