Valancy Stirling

Valancy Stirling

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XI

Entretanto, los preámbulos de la cena se prolongaban, fieles a la tradición de los Stirling. La estancia estaba fría, a pesar del calendario, y la tía Alberta tenía encendida la chimenea de gas. Todos los miembros del clan Stirling envidiaban la chimenea de gas excepto Valancy. Cuando las noches de otoño eran frescas, ardían gloriosas chimeneas en cada estancia de su Castillo Azul; pero hubiera preferido morir de frío antes de cometer el sacrilegio de utilizar una chimenea de gas. El tío Herbert hizo su broma habitual cuando le preguntó a la tía Wellington, mientras la ayudaba con los embutidos: «Mary, ¿deseas un poco de cordero[18]?».

La tía Mildred contó la misma vieja historia según la cual en una ocasión había encontrado un anillo perdido en una granja de pavos. El tío Benjamín relató a su vez su prosaico cuento favorito sobre cómo había perseguido y posteriormente castigado a un hombre ya célebre por robar manzanas. La segunda prima Jane describió todo el sufrimiento que le había causado un absceso dental. La tía Wellington admiró el diseño de las cucharillas de plata de la tía Alberta y lamentó que se hubiera perdido una de las suyas.

—Se me echó a perder el juego. Nunca encontraré una cucharilla idéntica. Y fue el regalo de bodas de mi vieja y querida tía Matilda.


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