Valancy Stirling

Valancy Stirling

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XIV

La vida no se detiene porque sobrevenga una tragedia. Hay que seguir preparando las comidas aun cuando tu hijo acabe de morir y el porche deba ser reparado, e incluso si tu única hija pierde la razón. La señora Frederick, siempre tan metódica, había previsto la segunda semana de junio para la reparación del porche delantero, cuyo techo estaba cediendo peligrosamente. Abel el Aullador se había comprometido a repararlo hacía muchas lunas y, en consecuencia, se presentó temprano la mañana del primer día de la segunda semana, y se puso manos a la obra. Por supuesto, estaba borracho. Abel el Aullador siempre estaba borracho. Pero apenas estaba en el primer estadio de la borrachera por lo que se mostraba hablador y amable. El olor a whisky en su aliento casi volvió locas a la señora Frederick y a la prima Stickles durante el desayuno. Incluso a Valancy, a pesar de su emancipación, le resultaba difícil soportarlo. Pero a ella le gustaba Abel, le agradaban su vivacidad y su hablar elocuente, y después de lavar los platos del desayuno salió a sentarse en los escalones y a conversar con él.





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