Valancy Stirling
Valancy Stirling Cuando Abel Gay le pagó a Valancy su primer salario, al cabo de un mes —cosa que hizo de inmediato, en billetes que apestaban a whisky y tabaco—, Valancy se fue a Deerwood y gastó hasta el último centavo. Se compró un bonito vestido de crepé verde con un cinturón de perlas de color carmesÃ, un par de medias de seda a juego con el vestido, y un pequeño sombrero verde acolchado con una rosa carmesÃ. Incluso se compró un original camisoncito, adornado con cintas y ribeteado con encajes.
Pasó por Elm Street en dos ocasiones —Valancy no pensaba ni por un instante que aquel fuera su «hogar»—, pero no vio a nadie. En aquella hermosa tarde de junio, sin duda su madre estarÃa sentada en la sala jugando al solitario —haciendo trampas—. Valancy sabÃa muy bien que la señora Frederick hacÃa trampas todo el tiempo. Nunca perdÃa una partida.
La mayorÃa de las personas que se cruzaron con Valancy la miraron con severidad, saludándola con gesto frÃo. Nadie se detuvo a hablar con ella.