Valancy Stirling
Valancy Stirling Valancy preparó a Cissy para recibir sepultura. Ningunas manos ajenas a las suyas debían tocar ese cuerpo exangüe y frágil. El día del entierro la casa lució inmaculada. Barney Snaith no asistió. Había hecho todo cuanto estaba en su mano para ayudar a Valancy antes de aquel momento; había cubierto el cuerpo lívido de Cecily con rosas blancas cogidas en el jardín, y después había regresado a su isla. Pero todos los demás se congregaron allí. Acudió todo Deerwood; también la gente de los arrabales. Al fin perdonaron a Cissy de un modo admirable. El señor Bradly recitó una hermosa elegía. Valancy hubiese preferido al anciano de la iglesia metodista libre, pero Abel el Aullador se mostró obstinado. Era presbiteriano y solo un ministro presbiteriano debía enterrar a su hija. El señor Bradly demostró mucho tacto. Evitó mención alguna a cualquier asunto que pudiera resultar controvertido y resultó a todas luces evidente su plena confianza en que todo saliese bien. Seis respetables ciudadanos de Deerwood introdujeron a Cecily Gay en su tumba en el decoroso cementerio de la ciudad. Entre ellos se hallaba el tío Wellington.
