Valancy Stirling
Valancy Stirling El verano siguió su curso. El clan Stirling —con la insignificante excepción de la prima Georgiana— habÃa convenido tácitamente en seguir el ejemplo del tÃo James y dar por muerta a Valancy. Pero, sin duda alguna, Valancy tenÃa la inquietante y espectral costumbre de resucitar reiteradamente cuando ella y Barney cruzaban Deerwood traqueteando en ese espantoso coche en dirección a Port Lawrence. Valancy, con la cabeza descubierta y estrellas en los ojos; Barney, con la cabeza descubierta y fumando su pipa. Pero afeitado. Ahora siempre iba afeitado, si es que alguno de ellos se habÃa dado cuenta. Incluso poseÃan el atrevimiento de acudir a la tienda del tÃo BenjamÃn a comprar comestibles. El tÃo BenjamÃn los ignoró en dos ocasiones. ¿Acaso no pertenecÃa Valancy al mundo de los muertos? Y Snaith jamás habÃa llegado a existir. Pero la tercera vez le dijo a Barney que era un canalla y que deberÃan colgarle por haber alejado a una muchacha desgraciada y sin carácter de su hogar y sus amistades.
Barney alzó su única ceja recta.
—La he hecho feliz —dijo con frialdad—; se sentÃa miserable junto a sus amistades. No hay nada más que hablar.
El tÃo Benjamin le miró fijamente. Jamás se le habÃa pasado por la cabeza que a las mujeres se las tuviera —o debiera— que «hacer felices».
—¡Tú… mocoso! —dijo.
