Valancy Stirling
Valancy Stirling Un lado de la pared estaba flanqueado por estanterías irregulares hechas a mano repletas de libros, y entre las dos ventanas laterales colgaba un vetusto espejo bordeado por un desvaído marco dorado, con unos cupidos regordetes retozando en el panel situado sobre el cristal. Un espejo —pensó Valancy— que debía ser semejante a la legendaria luna en la que se había mirado Venus una vez, y en la que, a partir de ese momento, toda mujer que se hubiera contemplado habría visto reflejada su misma belleza. Valancy pensó que en ese espejo casi parecía hermosa. Pero bien podía deberse a que se había cortado el pelo por encima de los hombros.