Valancy Stirling
Valancy Stirling El desayuno era siempre el mismo. Gachas de avena —que Valancy detestaba—, tostadas y té, y una cucharadita de mermelada. La señora Frederick pensaba que dos cucharaditas eran una extravagancia, pero a Valancy tal cosa no le importaba demasiado porque también odiaba la mermelada.
El pequeño comedor, frÃo y lúgubre, estaba más frÃo y lúgubre que de costumbre, y la lluvia caÃa al otro lado de la ventana. Los antepasados Stirling lanzaban miradas desde lo alto de las paredes, atrapados en horribles marcos dorados demasiado grandes para las imágenes. ¡Y a pesar de todo, la prima Stickles le deseó a Valancy un feliz cumpleaños!
—¡Siéntate derecha, Doss! —Fue todo lo que su madre le dijo.
Valancy se irguió en la silla. Hablaba con su madre y la prima Stickles de las cosas que siempre hablaban. Nunca se preguntó qué pasarÃa si tratase de hablar de otra cosa. Lo sabÃa perfectamente, y por eso nunca lo hizo.
