Valancy Stirling
Valancy Stirling Poco antes de despuntar el alba, Valancy cayó en un sueño intermitente marcado por ridículos sueños. En uno de ellos Barney la menospreciaba por haberle engañado. En su sueño, ella perdía los nervios y le golpeaba violentamente en la cabeza con su rodillo de amasar. Resultó ser de cristal, y cayó al suelo hecho añicos. Se despertó profiriendo un grito de terror… un jadeo de alivio… una breve sonrisa por la irracionalidad de su sueño… un recuerdo miserable y enfermizo de lo que había ocurrido.
Barney se había marchado. Valancy sabía, tal y como las personas a veces sabemos las cosas —de un modo incuestionable sin que nos las hayan dicho— que no se encontraba en la casa ni tampoco en el cuarto de Barba Azul. Reinaba un silencio extraño en el salón. Un silencio que tenía algo de inquietante. El viejo reloj se había detenido. Seguramente a Barney se le había olvidado darle cuerda, pues era la primera vez que sucedía. La habitación sin ese sonido estaba muerta, a pesar de que la luz del sol entraba a raudales por el mirador, y surcos de luz provenientes de lejanas olas danzarinas se estremecían sobre las paredes.