Valancy Stirling
Valancy Stirling No fue hasta primera hora de la tarde del día siguiente que un espantoso coche viejo hizo su aparición entre traqueteos en Elm Street, deteniéndose frente a la casa de ladrillo rojo. Un hombre con la cabeza descubierta descendió de él y subió corriendo los escalones. La campanilla sonó como si jamás lo hubiese hecho antes… vehemente, intensamente. Quien llamaba estaba exigiendo su entrada, no pidiéndola. El tío Benjamín rio entre dientes mientras se dirigía apresuradamente hacia la puerta; acababa de dejarse caer para preguntar cómo se encontraba la querida Doss… Valancy. La querida Doss… Valancy, tal y como fue informado, se encontraba igual. Había bajado a la hora del desayuno —no había comido nada—, regresado a su habitación, bajado para la cena —no había comido nada—, y vuelto a su habitación.
Eso era todo. No había hablado. Y la habían dejado, amablemente y de manera considerada, tranquila.
—Muy bien. Redfern aparecerá hoy por aquí —dijo el tío Benjamín. Y ahora la reputación del tío Benjamín como profeta estaba asegurada, pues Redfern estaba ahí… sin lugar a dudas.
—¿Está mi esposa aquí? —interpeló al tío Benjamin sin más preámbulos.
El tío Benjamin sonrió expresivamente.
