Valancy Stirling
Valancy Stirling La prueba no había resultado tan terrible, después de todo. El doctor Trent seguía siendo el mismo huraño y tosco de siempre, pero no le había dicho que sus padecimientos fueran fruto de su imaginación. Después de que Valancy le describiera los síntomas, le formuló algunas preguntas y la examinó rápidamente. Tomó asiento y la miró con detenimiento durante algunos instantes. Valancy tuvo la impresión de que la miraba como si realmente estuviera triste por ella. La joven contuvo el aliento por un instante. ¿Era grave? Oh, seguramente no lo sería —no le había causado un dolor tan agudo como para eso—; únicamente se había agravado un poco los últimos días.
El doctor Trent abrió la boca pero, antes de que tuviera tiempo de pronunciar palabra, el teléfono de su escritorio sonó estrepitosamente. Descolgó el auricular. Valancy, que le observaba, vio cómo su rostro cambiaba radicalmente a medida que escuchaba cuanto le decían al otro lado del hilo telefónico.
—Sí, sí. ¿Cómo? Sí, sí —una breve pausa—. ¡Dios mío!
