Emily lejos de casa

Emily lejos de casa

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La tía Ruth y yo tuvimos una sesión de una hora con sal y vinagre. La tía Ruth no me creyó cuando le dije que me había levantado para anotar el argumento de un cuento. Ella sabía que yo tenía otro motivo y ése no era otra cosa que mi naturaleza reservada y astuta. Dijo además otras cosas que no voy a poner por escrito. Claro que me merecía que me riñeran por haber dejado destapado el frasco de tinta, pero no lo que me dijo. Sin embargo, lo tomé todo con mansedumbre. Por un lado, sí había sido un descuido mío y, por el otro, llevaba las pantuflas. Cualquiera puede someterme si llevo pantuflas. Entonces ella terminó diciendo que esa vez me perdonaba, pero que no debía volver a suceder.

Perry ganó la carrera de una milla en los deportes escolares y batió el récord. Alardeó demasiado, e Ilse se puso furiosa con él.

11 de noviembre de 19…

Anoche la tía Ruth me sorprendió leyendo David Copperfield y llorando por la separación de Davy de su madre y con el corazón lleno de furia contra el señor Murdstone. Quiso saber por qué lloraba y no me creyó cuando se lo expliqué.

«¡Llorar por gente que no existe!», dijo mi tía Ruth llena de incredulidad.


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