Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Sin pruebas
Con pena, Emily salió de la «Booke Shoppe», donde el aroma de los libros y de las revistas nuevas era como dulce incienso a su nariz, y tomó de prisa la calle Prince, fría y llena de gente. Cada vez que podía se metía en la Booke Shoppe y se zambullía, hambrienta, en las revistas que no podía comprar, ávida de enterarse qué publicaban, en especial de poesía. Veía que no muchos de los poemas publicados en ellas eran mejores que algunos de los suyos, y sin embargo los directores le enviaban los suyos de vuelta, religiosamente. Emily ya había utilizado buena parte de los sellos estadounidenses que había comprado con los cinco dólares que el primo Jimmy le había regalado, para pagar el viaje de ida y vuelta de sus cachorros de literatura, acompañados por el único consuelo de las cartitas de rechazo. Su La risa del búho había sido devuelto ya seis veces, pero Emily todavía no había perdido totalmente la fe en él. Esa misma mañana, lo había puesto otra vez en el correo de la Shoppe.
