Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Bueno, no alardees —soltó Ilse—. Yo no he sido lo que se dice muy feliz. Escúchame, Emily, tengo que contarte algo. Calla y escúchame. Aquel dÃa me encontré con Evelyn en el Shoppe, volvimos a buscar un libro que ella querÃa y te encontramos profundamente dormida, tanto que ni te moviste cuando te pellizqué la mejilla. Entonces, tonta de mÃ, cogà un lápiz y dije «Voy a dibujarle un bigote». ¡Cállate! Evelyn hizo una mueca y dijo «ay, no, ¿no te parece que serÃa una maldad?». Yo no habÃa tenido la menor intención de hacerlo, lo habÃa dicho en broma, pero la maldita afectación de esa idiota de Evelyn me puso tan loca que decidà hacerlo… ¡cállate!… con la intención de despertarte enseguida y ponerte un espejo delante, eso era todo. Pero antes de que pudiera hacerlo entró Kate Errol, que querÃa que fuéramos con ella, asà que dejé el lápiz y salÃ. Eso fue todo, Emily, lo juro por el Faraón. Pero después me hizo sentir tonta y avergonzada, dirÃa con la conciencia intranquila si tuviera algo parecido a una conciencia, porque sentÃa que seguramente yo le habÃa puesto la idea en la cabeza a quienquiera que lo hizo y por lo tanto era responsable en parte. Y después vi que desconfiabas de mà y me puse loca, no loca de enfado, sino con una locura desagradable, frÃa, por dentro. Pensaba que cómo podÃa ocurrÃrsete que yo fuera capaz de hacer semejante cosa y dejarte ir asà a clase. Y pensé que, ya que lo creÃas, pues, que siguieras creyéndolo, yo no iba a decir ni una palabra para aclarar las cosas. Dios, pero cómo me alegro de que hayas terminado de ver fantasmas.