Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Pero Perry llegaba demasiado tarde.
—Le he pedido a mi sobrina que me diera una explicación y ella se ha negado a hacerlo. Prefiero no escuchar la suya.
—Pero… —insistió Perry.
—Es mejor que te vayas, Perry —dijo Emily, cuyo rostro comenzaba a lanzar señales de peligro. Habló en voz baja, pero el más Murray de todos los Murray no habrÃa expresado una orden más categórica. TenÃa un tono que Perry no osó ignorar. Con mansedumbre saltó por la ventana y desapareció en la noche. La tÃa Ruth se acercó y cerró la ventana. Luego, ignorando a Emily por completo, retiró su pequeña figura envuelta en franela rosa rumbo a sus aposentos.
Emily no durmió mucho esa noche… ni lo merecÃa, permÃtaseme admitirlo. Cuando se le pasó el súbito enfado, la vergüenza la azotó como un látigo. Se dio cuenta de que se habÃa portado como una tonta al negarse a darle una explicación a la tÃa Ruth. La tÃa Ruth tenÃa derecho a una explicación, cuando semejante situación se habÃa producido en su casa, por odiosa y desagradable que hubiera sido su forma de pedirla. Claro que no le habrÃa creÃdo una palabra, pero, si la hubiera dado, Emily no habrÃa complicado aún más su falsa posición.