Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Prueba circunstancial
Durante el desayuno del sábado por la mañana, la tía Ruth mantuvo un pétreo silencio, pero sonreía cruelmente para sus adentros mientras untaba con manteca la tostada y se la comía. Cualquiera habría visto con claridad que la tía Ruth estaba contenta y, con la misma claridad, que Emily no lo estaba. La tía Ruth le pasó a Emily la tostada y la mermelada con una amabilidad asesina, como diciendo:
«No retiro ni un punto ni una coma del tema en cuestión. Puedo echarte de mi casa, pero será responsabilidad tuya si te vas sin desayunar».
Después del desayuno, la tía Ruth se fue al centro. Emily sospechaba que había ido a llamar por teléfono al doctor Burnley para enviar un mensaje a la Luna Nueva. Esperaba que, cuando regresara, la tía Ruth le diría que preparara su maleta. Pero la tía Ruth seguía sin hablar. A media tarde llegó el primo Jimmy con el trineo de asiento doble. La tía Ruth salió a hablar con él. Luego entró y por fin rompió el silencio.
—Abrígate —dijo—. Vamos a la Luna Nueva.
Emily obedeció sin pronunciar una sola palabra. Se acomodó en el asiento trasero del trineo y la tía Ruth se sentó delante, con el primo Jimmy. El primo Jimmy miró a Emily por encima del cuello de piel de su abrigo y le dijo:
