Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Pasé la semana de Navidad en casa del tío Oliver. No me gustó. Había demasiado ruido. Hace años me habría encantado, pero entonces nunca me invitaban. Tuve que comer sin tener hambre, jugar a las cartas sin tener ganas, hablar cuando quería quedarme callada. No pasé ni un segundo sola en todo el tiempo que estuve allí. Además, Andrew se está poniendo pesado. Y la tía Addie estuvo odiosamente maternal y amable. Constantemente me sentí como un gato al que por la fuerza tienen en la falda y lo acarician con firmeza aunque él no quiera. Tuve que dormir con Jen, que es prima hermana mía y tiene mi edad, y que cree en lo más profundo de su corazón que yo no me merezco a Andrew, pero que va a intentar, con la bendición de Dios, hacerse a la idea. Jen es una muchacha agradable y sensata y somos amiguchas. Esta palabra es un invento mío. Jen y yo somos más que conocidas pero no tanto como amigas. Siempre seremos amiguchas y nunca más que amiguchas. No hablamos el mismo idioma.
Cuando llegué a casa, a la querida la Luna Nueva, subí a mi habitación, cerré la puerta y me regodeé en la soledad.
Ayer empezaron las clases. Hoy en el «Booke Shoppe» me he divertido para mis adentros. La señora Rodney y la señora Elder estaban mirando unos libros y la señora Rodney ha dicho: