Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Mientras buscaba sal en la despensa, Emily hizo un gran descubrimiento. En la parte más alejada del estante más alto habÃa un montón de libros polvorientos, probablemente de los tiempos de John y Almira Shaw, diarios, almanaques, libros contables, todos viejos y llenos de moho. A Emily se le cayó todo el montón al suelo y, mientras los recogÃa, vio que uno de los libros era un viejo álbum de recortes. Se le habÃa salido una hoja. Mientras la colocaba en su lugar, sus ojos se posaron sobre un poema pegado. Lo cogió y se le agitó la respiración. ¡Una leyenda de Abegweit, el poema con el que Evelyn habÃa ganado el premio! Allà estaba, en el viejo álbum de recortes amarillento, de hacÃa veinte años, palabra por palabra, excepto que Evelyn le habÃa cortado dos versos para que tuviera el largo obligatorio.
«Y quitó los dos mejores —pensó Emily, despectiva—. ¡TÃpico de Evelyn! No tiene el menor criterio literario».