Emily lejos de casa
Emily lejos de casa —Bien —la señorita Royal extendió las manos—, me rindo. Creo que estás cometiendo un terrible error, Emily, pero si en los años venideros descubro que me he equivocado, te escribiré admitiéndolo. Y si eres tú quien cree haberse equivocado, házmelo saber y me hallarás tan dispuesta a ayudarte como siempre. Ni siquiera te diré «ya te avisé». EnvÃame cualquiera de tus cuentos que puedan servir para mi revista y pÃdeme cuantos consejos quieras. Mañana regreso a Nueva York. Iba a quedarme hasta julio para llevarte conmigo. Ya que no quieres venir, me voy. Odio vivir en un lugar donde lo único en que piensan es que jugué mal mis cartas y perdà el juego del matrimonio, donde todas las muchachas, a excepción de ti, son tan horriblemente respetuosas conmigo, y donde los viejos no dejan de decirme cuánto me parezco a mi madre. Mamá era espantosa. Digámonos adiós y rápido.
—Señorita Royal —dijo Emily, muy seria—, me cree, ¿verdad? cuando digo que aprecio mucho su bondad. Su comprensión y su aliento han significado más para mÃ…, siempre significarán más de lo que usted puede imaginarse.
La señorita Royal se pasó rápidamente el pañuelo por los ojos e hizo una elaborada inclinación de cabeza.
—Gracias por vuestras gentiles palabras, mi dama —declaró, solemnemente.