Emily lejos de casa
Emily lejos de casa Ahí está Dean, ¿qué lo habrá hecho venir a una reunión de oración? Está muy solemne, pero hay una expresión burlona en sus ojos. El señor Sampson «¿qué dice el señor Sampson?», ah, algo acerca de las vírgenes sabias. Yo odio a las vírgenes sabias, me parecen tan egoístas. Podrían haberles dado un poquito de aceite a las pobres tontas. No creo que Jesús haya querido alabarlas más que al mayordomo injusto; creo en realidad que Él sólo quería advertirles a las tontas que no deben ser negligentes y tontas porque, en ese caso, no deben esperar ayuda de las personas prudentes y egoístas. Me pregunto si será un pecado sentir que preferiría estar fuera con las tontas tratando de ayudarlas y consolarlas y no dentro, regocijándome con las sabias. Además, sería más interesante.
Ahí están la señora Kent y Teddy. Ay, ella sí necesita mucho algo, no sé qué es pero es algo que no puede conseguir, y la ansiedad por conseguirlo la atormenta día y noche. Por eso se aferra tanto a Teddy, lo sé. Pero no sé qué es lo que la hace tan diferente de las otras mujeres. Nunca he podido penetrar en su alma, la mantiene cerrada para todo el mundo, jamás entreabre la puerta.
¿Y qué es lo que yo quiero más? Subir por el Sendero Alpino hasta el final.
Y escribir sobre el papiro reluciente
el humilde nombre de una mujer.