Emily lejos de casa
Emily lejos de casa A lo cual el señor Sampson, que había reparado varias veces en la mirada intensa y concentrada de Emily y pensaba estar impresionándola profundamente, habiendo despertado en ella la conciencia de su estado de pecado, terminó con un último y apremiante grito de súplica y se sentó. En la atmósfera cerrada y opresiva de la iglesia llena e iluminada con lámparas, los presentes exhalaron un perceptible suspiro de alivio y casi no esperaron el himno y la bendición para apresurarse a salir al aire fresco. Emily, atrapada en la corriente y separada de la tía Laura, se vio arrastrada por la puerta del coro hacia la izquierda del púlpito. Tardo en poder zafarse de la multitud y correr a la puerta principal, donde esperaba encontrarse con Ilse. Allí había otra densa multitud, aunque se dispersaba rápidamente, pero Emily no vio a Ilse. De pronto, Emily se dio cuenta de que no llevaba su libro de himnos. Volvió de prisa a la puerta del coro. Seguramente lo había dejado en el banco, y eso sería terrible. Dentro del libro había guardado un papelito en el que había tomado algunas notas furtivas durante el último himno: una descripción bastante mordaz de la señorita Potter en el coro, un par de frases satíricas sobre el señor Sampson y algunas fantasías sueltas que deseaba ocultar más que nada porque en ellas había algo de ensueño que habría hecho que la lectura de ojos extraños fuera un sacrilegio.