Emily lejos de casa
Emily lejos de casa En aquel momento, Emily se dio cuenta de que Jacob Banks se había ido, de que estaba sola en la iglesia. Estuvo un rato tratando de abrir la puerta y luego llamando al señor Banks. Por fin corrió por la nave central hacia la puerta. Al hacerlo oyó las ruedas del último coche al girar frente a la iglesia y comenzar a alejarse; al mismo tiempo las oscuras nubes se tragaron la luna y la iglesia quedó envuelta en la oscuridad, una oscuridad espesa, caliente, sofocante, casi tangible. Emily gritó, llena de pánico, golpeó la puerta, sacudió frenéticamente el picaporte de arriba abajo, volvió a gritar. ¡No podían haberse ido todos, alguien tenía que oírla!
—¡Tía Laura! ¡Primo Jimmy! ¡Ilse! —gritó y, por fin, en un alarido de desesperación—: ¡Ay, Teddy, Teddy!
Un relámpago blanco azulado atravesó el pórtico, seguido de un trueno. Comenzaba una de las peores tormentas en los anales de Blair Water, y Emily Starr estaba encerrada en la iglesia a oscuras, entre los bosques de arces, ella, que siempre había tenido un miedo irracional a las tormentas de truenos, un miedo instintivo que nunca había podido superar y que dominaba sólo a medias.