Emily triunfa
Emily triunfa —SÃ, claro que hay —exclamó—. ¿Cómo hemos podido olvidarnos? Tenemos que ver si la chimenea tira bien. Voy a encender el fuego.
Emily se sentó en el diván de la esquina y, cuando el fuego comenzó a arder, Dean se sentó junto a ella. Flor estaba estirado a sus pies; sus flancos rayados subÃan y bajaban pacÃficamente.
Las llamas se elevaban alegres. Temblaban sobre el viejo piano, jugaban irreverentes al escondite con el adorable rostro avejentado de Elizabeth Bas, bailaban sobre las puertas de vidrio del armario donde estaban los platos de loza, recorrÃan la puerta de la cocina, y la hilera de recipientes pardos y azules que Emily habÃa colocado sobre un estante les devolvÃa un guiño.
—Esto es un hogar —dijo Dean, con suavidad—. Es más hermoso de lo que nunca he soñado. Asà estaremos, sentados, las noches de otoño de toda nuestra vida, dejando fuera las noches frÃas y la neblina que viene del mar, tú y yo, solos, con la luz del fuego y la dulzura. Pero a veces dejaremos que algún amigo venga a compartir nuestra alegrÃa y alimentarse de nuestra risa. Nos quedaremos sentados aquÃ, pensando en eso, hasta que se extinga el fuego.