Emily triunfa
Emily triunfa Hoy, en la Glassford’s Magazine, habÃa un cuento ilustrado por Teddy. He visto mi propio rostro mirándome en la heroÃna. Siempre me provoca una sensación muy extraña. Y hoy, además, me ha irritado. Mi rostro no tiene derecho a significar nada para él si yo no significo nada para él.
Pero, a pesar de eso, he recortado su foto, que estaba en la columna de colaboradores, la he enmarcado y la he puesto sobre mi escritorio. No tenÃa ninguna foto de Teddy. Pero esta noche la he sacado del marco, la he tirado a las brasas del hogar y he contemplado cómo se arrugaba. Justo antes de que ardiera, la ha agitado algo asà como un estremecimiento y me ha parecido que Teddy me hacÃa un guiño, un guiño travieso y despectivo, como si me dijera:
«Tú crees que me has olvidado pero, si hubiera sido asÃ, no me habrÃas quemado. Eres mÃa, siempre serás mÃa, y yo no te quiero».
Si de pronto apareciera un hada buena y me ofreciera un deseo, le pedirÃa que Teddy Kent viniera y silbara una y otra vez en el bosque de John el Altivo. Y yo no irÃa, no me moverÃa ni un milÃmetro.
No puedo soportar esto. Tengo que apartarlo de mi vida.