Emily triunfa
Emily triunfa Vivieron cinco semanas asÃ, hasta que el prÃncipe volvió al Japón. La familia lo habÃa mandado llamar, según dijo la prima Louise: le habÃan arreglado un matrimonio con una princesa de una antigua familia samurái. Él habÃa obedecido, por supuesto, pero dejó la rana de ágata en poder de Emily, y nadie supo nunca lo que él le dijo a ella una noche, a la salida de la luna, en el jardÃn. Cuando entró, Emily se veÃa algo pálida, rara y como lejana, pero sonrió a sus tÃas y a la prima Louise con una sonrisa traviesa.
—Asà que, después de todo, no voy a ser una princesa japonesa —dijo, secándose unas lágrimas imaginarias.
—Emily, me parece que has estado coqueteando con ese pobre muchacho —le reprochó la prima Louise—. Lo has hecho muy desdichado.
—No he estado coqueteando. Nuestras conversaciones eran sobre literatura e historia, casi exclusivamente. No volverá a pensar en mÃ.
—Yo sé la cara que puso cuando leyó esa carta —replicó la prima Louise—. Y sé cuál es el significado de las ranas de ágata.